INTERCULTURALIDAD: Nuestro Enfoque

Enfoque centrado en las complejas expresiones y concatenaciones de praxis culturales y pedagógicas que responden a lógicas subyacentes, a “gramáticas” diferentes, tales como la cultura comunitaria de raíces mesoamericanas compartidas, amenazada y abatida por diversas olas de colonización de globalización, pero aún vigente en las regiones indígenas; la cultura organizacional de los movimientos sociales que reivindican la diversidad cultural y/o biológica de dichas regiones; y la cultura académica occidental – inserta actualmente en una transición desde un paradigma rígido, monológico, “industrial” y “fordista” de la educación superior hacia otro más flexible, dialógico, “postindustrial” o “postfordista”.

El reconocimiento de la diversidad cultural, el desarrollo de programas educativos culturalmente pertinentes y la interculturalidad, entendida como una nueva forma de entablar relaciones entre grupos cultural, lingüística y étnicamente diversos, conforman los principios antropológicos de partida que dieron origen a un nuevo tipo de universidad, la llamada “universidad intercultural”.

DIVERSIDAD Y EDUCACIÓN SUPERIOR: Nuestra Apuesta

La diversidad ha llegado tarde a la escuela. Por tanto, su discurso recién se ha insertado en el desarrollo contemporáneo de los sistemas educativos. Este paradigma surge a partir de la presión de las diferentes luchas sociales por el derecho a una educación superior culturamente pertinente, y la crítica tanto del monoculturalismo asimilador como del multiculturalismo que esencializa las diferencias, partiendo del carácter plural, multisituado, histórico, contextual y por ello necesariamente híbrido de las identidades culturales, étnicas, de clase, de género etc. que articula cada individuo y cada colectividad. El reto de la llegada de este enfoque al ámbito de la educación superior se ha transformado en apuestas concretas como las “Universidades Interculturales”, que en México han dado lugar a diferentes carreras y apuestas curriculares en regiones multiculturales que enfatizan una enseñanza basada en el reconocimiento y convivencia de relaciones interétnicas, interlingües e interreligiosas. Un ejemplo de ello es la “Universidad Veracruzana Intercultural” y su licenciatura en “Gestión Intercultural para el Desarrollo”.

GESTIÓN INTERCULTURAL: Nuestro Estudio

Según el documento rector de la licenciatura en Gestión Intercultural para el Desarrollo (GID), “el (la) egresado(a) de la licenciatura GID será un(a) profesionista con las capacidades, habilidades y actitudes que le permitirán desempeñar varias funciones cruciales para el buen desarrollo de programas e iniciativas surgidas de las propias comunidades y regiones interculturales, o impulsadas de manera conjunta por actores diversos interesados en la construcción de un desarrollo sustentable basado en el afianzamiento del tejido social y cultural. En función de la Orientación seguida por cada estudiante, dichas funciones se aplicarán en el ámbito de la salud, de la valoración de las manifestaciones culturales y lingüísticas, de los aspectos productivos y de protección de los recursos naturales o del ejercicio de los derechos ciudadanos y colectivos específicos de los pueblos indígenas”.

En el proyecto InterSaberes concebimos a la gestión intercultural como una práctica de mediación y traducción entre saberes provenientes de diferentes culturas, que engloba funciones tanto profesionales como comunitarias de diálogo y negociación en situaciones a menudo asimétricas y que se concreta en saberes-haceres (la gestión intercultural como competencia profesional) y en saberes-poderes (la gestión intercultural como quehacer político).

INVESTIGACIÓN COLABORATIVA: Nuestra Metodología

La estrategia dialógica aplicada aquí se desarrolla junto con investigadores/as de la UVI, estudiantes y gestores/as ya egresados/as que trabajan dentro de estos proyectos e intercambian continuamente conocimientos académicos y conocimientos basados en la comunidad. Alternando fases más bien receptivas, de “escuchar” a nuestros actores locales a través de la etnografía, de sus narrativas en las entrevistas, con fases de acompañamiento a través de la observación participante y la colaboración en sus específicos proyectos, y fases más proactivas de asesoramiento y análisis colectivos de los datos generados etnográficamente, a través de talleres conjuntos en los que co-interpretan las diversas experiencias, las lecciones aprendidas de cada uno de los proyectos y las contradicciones que surgen del choque entre las expectativas y los resultados, entre las demandas locales y las limitaciones estructurales, entre los primeros diálogos de conocimientos fructíferos a nivel regional y las jerarquías del conocimiento persistente en los monólogos institucionales.

A lo largo de talleres de co-reflexión, los discursos narrados de los actores que participan se analizan y se comparan con la praxis observada de los propios actores. Las contradicciones y / o divergencias que surgen de estas comparaciones entre discurso vs. praxis no se interpretan superficialmente como “fracaso” de la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, sino que se co-interpretan junto a los propios actores, produciendo un análisis más complejo entre lo que se reclama que se hace, lo que se hace y lo que institucionalmente se permite hacer.

Cuando hablamos de colaboración, estamos concibiendo una etnografía que nos permita co-interpretar, transitando hacia una co-conceptualización, co-producción de datos, co-análisis, co-escritura, co-autoría etc. En la etnografía colaborativa, el encuentro es entendido como ese escenario en el cual los roles y papeles tradicionales (investigador/a-investigado/a) pueden y deben desdibujarse y la clara demarcación, por ejemplo entre investigador/a/investigado/a, pasa a un plano más insignificante al activarse procesos de co-interpretación, donde todas las partes contribuyen activamente a interpretar y construir sentido de lo que sucede en el grupo. Qué duda cabe que no estamos negando las relaciones de poder que surgen y vertebran toda relación e interacción.

Esta estrategia cíclica concibe la etnografía y su oscilación sistemática entre las perspectivas emic y etic – interna y externa – de la diversidad como un quehacer reflexivo que desde dentro recupera el discurso de los actores partícipes, a la vez que desde fuera lo contrasta con la respectiva praxis habitualizada a nivel intra-grupal así como con sus interacciones inter-grupales. Teniendo en cuenta el contexto institucional, jerárquico y asimétrico – implícito en cualquier programa académico inserto en un contexto indígena – ampliamos el horizonte analítico de estas dimensiones discursiva y práctica, actoral e inter-actoral hacia un tercer eje de análisis: las estructuraciones institucionales específicas de la UV, de las instituciones gubernamentales partícipes y de las ONGs involucradas.